En el Metro

Mrs. Orange escribió esto cuando llega la noche:
 

 

Ibas en el metro, aparentemente ajeno a todo.

Yo, de pie a tu lado en ese vagón abarrotado, notaba turbada tu olor y el calor de tu piel cercana. Me pareciste muy joven, tal vez unos 25. Alto y delgado, tenías pinta de niño bueno, de ratón de biblioteca. Eras exactamente el tipo de hombre que siempre me había gustado. Leías un libro, no recuerdo de qué. Apoyada contra la barra y sintiendo el acero frío clavarse en mi espalda, te observaba. El calor que me llegaba de tu cuerpo cercano, en contraste con la barra helada en mi espalda desnuda terminaron por provocarme una serie de escalofríos que me recorrieron todo el cuerpo como un rayo. Empujados por la multitud, el inevitable contacto de tu pierna sobre mi cadera me excitaba de una forma incontrolable, no podía dejar de mirarte. Te imaginaba solo, deseando el contacto tibio de una piel femenina bajo tu cuerpo, demasiado tímido como para tener novia, demasiado profundo como para contentarte con un ligue cualquiera de bar… pero tu mirada perdida, muy lejos de ese libro que fingías leer, me decía que aunque tratabas de disimularlo, me sentías a mí tan turbadoramente cerca como yo te sentía a ti.

Suspiraba para mis adentros a cada vaivén del vagón, a cada segundo más y más excitada, preguntándome qué pasaría si te soltases por un segundo de esa barra a la que te aferrabas como un marino en la tormenta y tu cuerpo se pegara al mío, tu aliento me raspara la piel…

Debiste notar la fijeza de mi mirada, o la forma en que me inclinaba hacia ti en cada sacudida, luchando contra mí misma para no dejarme llevar, para no acercar la mano a tu cuello y pasar lentamente mis dedos por ese trozo de piel que me estaba haciendo enloquecer. Finalmente no debiste poder seguir ignorando el calor abrasador que quemaba ya mi cuerpo y se escapaba en mi mirada, por que te vi bajar lentamente el libro, medio inquieto, medio alucinado, y te me quedaste mirando a los ojos, como intentando averiguar en los míos mi destino…

Te devolví la mirada desafiante, seria. Pensando si mis ojos dejarían traslucir todo el deseo que esa increíble curva de tu cuello me provocaba y deseando que me comprendieses, que intuyeses mi necesidad de ti en ese instante, en ese momento.

Vi como tensabas los músculos casi sin darte cuenta y te girabas, inclinándote imperceptiblemente hacia mí, temiendo y deseando a la vez mi reacción. Tus ojos se encargaron de decirme que compartías mis anhelos, que temblabas bajo la ropa de miedo y de deseo contenidos, que te preguntabas como sabían mis labios o qué pasaría si te dejases llevar y me hicieses tuya allí mismo, contra la pared. ¿Cuánto hacía que no tocabas un cuerpo de mujer? No me sonreíste. Ninguno de los dos lo hicimos. Estábamos frente a frente, devorándonos con la mirada, hirviendo de deseo, anhelando un contacto que no llegaba. Pensando si tal vez estábamos imaginando demasiado en los febriles ojos del otro.

Tanto deseo… Me dolían los músculos de tratar de refrenarlo. Cerré los ojos, intentando liberarme de ese embrujo, pero tu olor me invadía por completo, tan masculino, tan sexual… no podía dejar de imaginarte aprovechando una sacudida del vagón para acercar tu cuerpo al mío, y aplastándome con tu peso contra la barra, recorrer con tu boca mi cuello, mis hombros… Imaginaba tus manos acariciando ávidas mis pechos, ahora tan duros que me dolían los pezones de excitación, tu cadera buscando con urgencia la mía, mis manos trepando bajo tu camisa, clavando mis uñas en tu espalda… Abrí los ojos sobresaltada. Se me había escapado un gemido quedo, pero suficiente para que tú, tan cerca como estabas, lo oyeras. Eléctricos espasmos de placer me inundaban, ya despierta, imaginando aún tus labios bajando por mi piel, sintiendo por un momento la locura que sería tenerte desnudo piel contra piel y saborearte centímetro a centímetro.

Tus ojos no soltaban los míos. Sé que notabas lo excitada que me encontraba, había visto como mirabas de reojo mis pezones marcados sin remedio contra la camiseta de algodón. Tenías que notar mi respiración agitada, desacompasada… Y sé que me habías oído gemir, por que también tú estabas ahora totalmente excitado, no podías ocultarlo.

Y, en ese momento, pensé que sucedía.

Una sacudida más fuerte que las demás nos inclinó a los dos a la vez y nuestros cuerpos se encontraron por un segundo. El vagón se paró y en mi turbación apenas oí la voz metálica que anunciaba la llegada a una estación, no recuerdo cual.

Decidida como nunca había estado de algo, iba a aprovechar esa repentina cercanía para apoyar por fin mis manos en tu pecho y susurrarte mi deseo al oído. Cuando, de repente, sin darme tiempo, te ruborizaste, bajaste los ojos y murmurando algo que no comprendí, te diste la vuelta y bajaste del vagón.

Y yo allí, de pie, con la mano a medio camino ya de la nada, te miraba salir, sorprendida, excitada y triste. Pensando en esa piel hecha para la mía, en esos labios que ya jamás me besarían.

Entonces, mientras sonaba el silbido, apreté la mano y clavándome las uñas en la palma, salté.

Era mi parada.


 

2 comentarios de “En el Metro”

  1. Scila dijo:

    …y al saltar al anden y comenzar a caminar supe que aquella cálida humedad que se deslizaba por el interior de mis muslos era el resultado de un orgasmo in terruptus. Y me juré que no volvería a ocurrirme, que la indecisión no me haría otra jugarreta así.
    Caminé hacia la salida con la mano profundamte hundida bajo el holgado pantalón y dos dedos clavados en mi sexo, antes de llegar a la calle y darme el deslumbrante sol en el rostro alcancé mi orgasmo de esa mañana. El pasa manos metálico de la escalera evitó que en la explosión de placer doblaran mis piernas.

  2. sonia dijo:

    Empeze a caminar rumbo hacia mi trabajo, con tanta excitacion se me habia olvidado que llegaba tarde asi que decici cojer un taxi, para mi asombro me doy cuenta que delante mio esta el chico del metro haciendo señales de llamada hacia los taxis.
    Me acerco y le comento;

    - Hola! buenos dias! hacia donde te dirijes,asi pagamos a medias. ( le guiñe el ojo!)

    Me miro desgarrandome mi ropa con la mirada.

    - Pues voy aki al lado, pero si tienes planes mejores??

    Por un momento me quede pensando en mi trabajo, pero un dia de locura….

    Pare al taxi y le dije al hotel FranÇa porfavor.
    El chico le cambio la cara pero de excitacion y ya en el taxi empezo

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