Noche en Ibiza

Mrs. Purple escribió esto a última hora de la tarde:
 

 

Despuntaba el alba y las estrellas se empezaban a marchar desfilando en fila de una. Jorge ya no sabía que hacer, le había llamado cientos de veces y no contestaba, le había mandado decenas de mensajes y no los leía, hasta se había plantado cual seto reseco en frente de su casa y no la veía.
Desesperado decidió salir a buscarla y anduvo con el coche callejeando hasta media mañana parándose cada vez que veía una larga melena cobriza y retorcida que se deslizaba sobre los hombros y espalda de cada chica con aires de inocencia.
Jorge la amaba con locura pero sin saber porqué se había dejado llevar por aquella endemoniada rubia que conoció en la fiesta. Era tan esbelta, con tanta vida recorrida y parecía tan experimentada que no pudo por menos acercarse a ella y tirarle varias indirectas que ella, como mujer de mundo que era, captó al vuelo cual camaleón.
Desafortunadamente, el botón del top que ella lucía con desaire se había desabrochado y dejaba ver bajo una pequeña montaña que se alzaba sin querer mostrar la cima que se adivinaba apuntaba directa a Jorge, el cual tenía el cuerpo ya incandescente, hasta se podía ver un ligero humo que se desprendía de su alterada alma. Él empezó a besarla por el cuello y a arrimarse cada vez más a sus pechos que ya estaban completamente erizados y señalaban sin bacilar el torso contra el que se empezaban a restregar. Su mano se deslizaba suavemente comenzando por la clara y tersa nuca mientras la otra se enredaba en su larga melena bañada por el sol de las costa Ibicencas. Laura, que así era como se llamaba la rubia, no podía dejar de pensar cómo sería pasar la noche con Jorge. Tan pronto como sus brazos la rodearon llegando a la zona que pierde su noble nombre sintió como sus labios se humedecían por completo. Sus labios no dejaban de acariciarse suavemente y como imanes seguían juntos y atraídos sin separarse ni siquiera para poder recuperar el aliento.
Era la primera vez que Laura se había sentido sexualmente tan atraída por un hombre en un periodo tan corto de plazo. Tan sólo había pasado unos pocos segundos y ya yacía sobre una cama de nubes bajo un sudoroso Jorge que no paraba de jadear despacio en su mente con ritmo constante.
Es curioso, pero siempre he pensado que, cuando la persona que tienes a tu lado comienza a gemir, automáticamente se enciende una glándula en tu cabeza que hace que tu respiración se complemente y vaya a pasos acompasados a la suya, con lo que se crea una orquesta de tan sólo dos instrumentos que generan una canción dulce y suave que retumba en tu cabeza durante el resto de la noche.
Este estaba siendo el caso de Laura y Jorge. Ambos habían acompasado la respiración al mismo ritmo alternándose entre besos, y mordiscos y unos cortos silencios. no podían más, había que acabar con esto. Jorge estaba saliendo con una chica y Laura lo sabía por la esclava que le rodeaba la muñeca, ella en cambio no tenía compromisos sentimentales pero sabía que eso no estaba bien. Se tomó unos minutos para poder pensar, pero en el excitante silencio que rodeaba el cuarto donde se había recluido no había espacio para reflexiones a parte, claro está, de escapar de allí con sigilo.
Laura se abalanzó a su oído y le susurró despacio.
- ¿Tienes dónde dormir esta noche?- ella sabía que a la fiesta venía bastante gente y que algunos tendrían que pasar la coche en esa misma casa ya que los hoteles estaban ya copados.
- No…- contestó Jorge, - pensaba coger el coche de vuelta a mi casa si no acababa muy tarde-
Laura, haciendo alarde de su impulsivo atrevimiento, y sin dejar que sus pensamientos hiciesen un recorrido de ida vuelta por su raciocinio, evocó un profundo suspiro que dejaba leer entre líneas un profundo deseo de compartir las últimas horas del alba en compañía de su nueva adquisición.
- ¿Te parece entonces si me acompañas a mi hotel?- en este momento se dio cuenta de lo atrevido de su propuesta y decidió darle un aire mas inocente e ingenuo, -iba a venir con mi amiga Marta, pero un cambio de planes se lo ha impedido, así que la otra cama libre.
Jorge parecía bacilar, el tiempo había cambiado, los segundos parecían minutos y los minutos horas. El silencio se tornaba atronador, sus pensamientos comenzaron a inundar un mar de dudas y de temblores que la hicieron naufragar por el profundo mar hasta llegar a ahogarla por completo. Ya no se oían los suspiros, ni la respiración de ambos. Cortaba el silencio el tic-tac del reloj de cuco que colgaba de pared, el único que se atrevía a hablar y hacer presente que el tiempo, quieran ellos o no, seguía corriendo.
El pensamiento de que el tiempo siguiendo corriendo pese a ellos dos le provocó una mueca que se dejó dibujar en sus labios. El tiempo corría, pero ¿y ella? ¿conseguiría hacerlo esta noche? ¿estaría él pensado en la posibilidad que se le había planteado?.

Al cabo de unos cuantos tic-tacs más que se le hicieron eternos ambos recuperaron la respiración.
- de acuerdo, si me haces un hueco no voy a desaprovechar la oportunidad, la carretera debe estar bastante mal con esta lluvia-
- perfecto, se está haciendo tarde, podríamos irnos ya antes de que el tiempo empeore.

Salieron de la fiesta abriéndose paso entre una gran maraña de cuerpos sudorosos cuyos miembros superiores e inferiores se enredaban de tal manera que no era posible distinguir el cuerpo al que pertenecían. La cantidad de testosterona que brotaba de los cuerpos impregnaba el aire por lo que nadie se dio cuenta de su discreta escapada.