En algún lugar de la M30

Mr. Green escribió esto cuando llega la noche:
 

 

Con las manos en el volante de mi coche sonreía al imaginar lo que me había llevado hasta aquel lugar en aquel preciso instante, me parecía algo tan excitantre, de estas historias que le cuentas a los amigotes los días de borrachera y que nunca acaban de creer. Miré al lado y la ví hermosa y lasciva, de nuevo algo me molestaba en la entrepierna, al volver la vista a la carretera mi mente viajó a un momento, hacía dos semanas, y a otro lugar, en mi tienda, donde todo había empezado con una llamada de teléfono…
 
 
 
 
- “¿Si?”, dije
- “¿Hola? ¿El responsable de compras?”
- “Si, soy yo”
- “Le llamo para ofrecerle material de oficina, somos líderes del sector…”
- “Si… bueno… ¿le doy mi email y me envía un catálogo con precios?”
- “Tomo nota”
- “Apunte…”

Aquel comienzo había sido escalofriante, la voz que me hablaba al otro lado lo tenía todo para ser líder en los rankings de las teleoperadoras de la mejor línea erótica del país, aún hablando de cosas triviales conseguía convertir una mañana gris en el mostrador en algo completamente diferente.
Estaba claro que no podía desperdiciar aquella oportunidad, y cuando me llegó la oferta, respondí al email añadiendo al final: “y además, tienes una voz preciosa“. Después hubo muchos emails, aunque nos olvidamos de trabajo, y pronto dejamos también de hablar de sociedad, de la vida y esas trivialidades, nuestra conversación se centró en el sexo.
Ella me recomendaba páginas de ciertas variantes de sexo extremo, incluso algunas de gore, me preocupaba este hecho pero por otro lado me sorprendía la naturalidad con la que lo veía todo. Hablábamos por teléfono y buscaba ponerme lo más cachondo que le fuera posible, y cuando me notaba al borde de la locura me decía: “Llámame desde el móvil mientras vas al servicio a masturbarte“, “¡Estoy en el trabajo! ¡No puedo!” le respondía, pero era difícil contener aquello y a veces casi me convencía. Fueron muchas las conversaciones, las fantasías, las erecciones y las palpitaciones que precedieron el encuentro.

Un día quedamos en Atocha.

¿Como te reconoceré?” Le dije
Soy como Demi Moore” contestó
¡Y lo era! una morenaza con el pelo corto de más de 1.80, con un culo impresionante y unos pechos a la par, no sé calcularlo bien ¿110? ¿120? con la maravillosa forma que tienen esas mujeres que se estrechan en la cintura, era un lujazo verla. Al subirse en el coche pusimos rumbo a la plaza de Santa Ana para tomar algo. Sus ojos azules no paraban de observarme en el trayecto, y aunque no me había tocado estaba nervioso y ciertamente tenso.
Al llegar tomamos posiciones en una terraza, y compartiendo unas cervezas comenzó una conversación sin tabús, no puedo olvidar la cara del camarero que nos sirvió las cañas mientras ella decía: “Adoro el sabor de una buena polla“. Cruzaba mis piernas para intentar disimular algo mas que los nervios, ahora ya no era solo su voz, sino la forma de mover sus labios, daba la impresión de que disfrutaba hablando de todo tipo de experiencias y situaciones. Aquella noche dejó frases tan gloriosas como: “Yo cuando hago sexo oral, lo hago bien, hasta el final, no me importa que se corran en mi boca“, alguien tan ingenuo como yo dejó caer entonces la mandíbula hasta el suelo mientras me esforzaba en no derramar mi vaso.
Luego quiso llevarme a otra esquina de la ciudad, “debes conocer este bar” me dijo, y cuando habíamos dejado el coche me plantó un beso que me cortó la circulación sanguínea durante un buen número de segundos. La conocían en el bar, pero aquello no impidió que me permitiera continuar con mis caricias y besos mientras le negaba al camarero mi petición de una cerveza para obligarme a tomar un mojito, “aquí se toma esto” me decía, y yo no podía controlar la creciente necesidad de poseer aquel cuerpo.
Tras 3 mojitos cada uno pusimos rumbo a mi casa, y no me fué sencillo luchar con el miedo a un control de Tráfico y acallar una conciencia que nunca me había visto en una situación similar, y que sorprendida y comprensiva decidió quedarse en un segundo plano mientras buscabamos mi casa en uno de los barrios de la enorme capital.

Al llegar fué todo rápido, ella llevaba un pantalón de lino blanco semitransparente, y unas braguitas color carne para que no se transparentara con ese pantalón, no recuerdo el color de su blusa, pero sé que un minuto después de entrar en mi casa, no llevaba nada puesto y estaba en mi cama esperando que me lanzara sobre ella. La disfruté desde el primer contacto de mi lengua con su piel hasta el último, besé sus pechos enormes con locura deseando alcanzar su dulce sexo, donde pasé un buen rato jugueteando, adoro el sabor de un sexo tibio nervioso ante mi llegada, me encanta deslizar mi lengua surcando sus húmedos valles con dulzura, y mordisqueando con mis labios cada uno de los suyos, para finalmente detenerme con esmero en el clítoris y masajearlo cuidadosamente, poco a poco, con dulzura y un movimiento constante pero nada monótono, sentir como su cuerpo se va calentando y acelera el ritmo respiratorio, hasta que su cuerpo explota y alcanza un profundo y trabajado orgasmo. Las dos horas y pico que estuvimos en la cama fueron sensacionales, ella era una amante fabulosa, y tras permitirme disfrutar de su cuerpo, ella pasó a conquistar el mio, primero con besos en el cuello repletos de pasión, luego con mordiscos en los hombros, y tras bajar su mano por mi pecho y agarrar con fuerza mi miembro, se lo metió en la boca en una explosión de placer que me desequilibró los brazos y me hizo desplomarme sobre la cama.
Hay muchos modos en los que una mujer puede hacer sexo oral a un hombre, y viceversa, y aquella mujer dominaba con tal soltura ese arte que parecía que hubiera tenido un pene para poder experimentalo en persona, la saboreaba golosa como si se tratara de una nube de estas que venden en las tiendas de chuches, sin hacerle daño en ningún momento con los dientes a su parte más delicada, no paraba de moverla de un sitio para otro, y yo me dejaba llevar por unos caminos del placer que hasta entonces nunca había explorado.
Durante 10 minutos lo hizo con esmero, y como presintiendo que mi final estaba próximo, paró de repente y se tumbó en la cama mientras me decía: “Venga, ahora fóllame“, y a ello fui, en la posición del misionero estuve durante un buen rato, siempre con el mismo movimiento, deteniéndome tan solo para besar aquellos pechos que me llamaban a gritos, seguí y seguí hasta que pude ver como su cuerpo temblaba presa del orgasmo, y yo no podía contenerme mas, mientras ella acababa me acariciaba con sus manos y me decía “córrete en mi pecho“, e incontenible se produjo uno de los momentos más increíbles que recuerdo. Mi excitación era tal, que salió disparado rumbo a una pared que alcanzó y pasó cerca de su cara, algo que me puso muy nervioso pues nunca he sido cómplice ni he comprendido la excitación que encuentran muchos hombres en ese tipo de finales.
Más tranquilo pude desplomarme a su lado durante 15 minutos, abrazados sin miedo a un frio que en pleno verano no visita Madrid, y así estuvimos hasta que llegó la hora de vestirnos y llevarla a su casa.
 
 
 
 
… y allí iba yo en el coche pensando en todo aquello cuando ella me dijo: “¿En qué piensas?“, a lo que respondí: “En lo de esta noche, ha estado realmente genial, y en como nos conocimos, eres increíble“.
Entonces escuché su risa perversa y la miré, no tardó en preguntar: “¿No creerás que he acabado contigo?“, y con cara de asustado la miré, a lo que respondió con una nueva risa, miré al frente de la M40 sin saber que esperar de ella, cuando se quitó el cinturón y en pleno desvio a la M30 comenzó a moverme para poder desabrocharme el pantalón. Lo hizo con sutileza y yo le ayudé, sin perder de vista la carretera, le había contado aquella fantasía pero exhausto lo había olvidado, ahora ella iba a hacerla realidad. Cuando encontró camino dirigió allí su cabeza, justo antes de que dejara el coche en tercera, aquella madrugada no incumpliría ninguna de las absurdas normas de esta circunvalación.
Comenzó de nuevo con sus magistrales caricias, con su lengua juguetona, de nuevo mi miembro no era capaz de alcanzar su mejor estado en aquel momento, eso formaba parte del juego de su boca, amasando y acariciándo mi pene sin permitirle estar lo suficientemente grande como para ser molesto, acariciándolo una y otra vez. Aquel placer me superaba, era algo realmente increíble, la forma de mover su boca, de usar su lengua… de pronto sentí esa inundación para mis sentidos aproximándose, y le avisé de que me quedaba poco, me miró un momento y me dijo “tú sigue“, y aquello era algo que ya no podía detener, y con mis sentidos divididos entre el control del vehículo que no pasaba de 50 y la marabunta de placer, llegué al orgasmo, mientras ella no se apartaba y seguía ahí hasta dejarme sin alma.
Yo estaba intentando coger aire cuando ella se incorporó, se puso el cinturón tranquilamente, y sonriendo me dijo “¿qué tal?“, yo la miré y si dije algo no era de una lengua conocida, seguí mirando al frente y todo lo que yo era como ser vivo se centraba en el manejo de mi coche y en coger su desvío.
Me explicó como dejarla en casa, había que dar varias vueltas, con el sol a nuestras espaldas paré el coche para despedirme de ella, un beso marcó el final de aquella noche, se bajó y se fué a su casa, y yo medio perdido intenté encontrar la mía.
Encendí un pitillo, puse la radio, no me creía lo que había vivido pero mi cuerpo estaba tan destrozado que me recordaba que era cierto. Entre tonterías borrosas recuerdo aquel pacto que hice conmigo mismo de no contárselo a nadie, en primer lugar por sentirme incapaz, y en segundo, porque ningún amigo me creería.

He guardado desde entonces el recuerdo de aquella noche, ahora lo conocéis vosotros, anónimos de la red, y un amigo, el editor de este antro de perversión para el cual, he rescatado hoy mi mejor noche, ya habrá tiempo de rememorar otras.

Hasta pronto


 

Martin

Mrs. Pink escribió esto cuando llega la noche:
 

 

Jolín, ¿y cómo empiezo yo esto?, no sé, se me hace difícil, nunca antes se me habría pasado por la cabeza escribir acerca del sexo, sobre mis experiencias, mis fantasías o historias curiosas que les hayan ocurrido a los que me rodean. Sí, es cierto, para todo hay una primera vez, incluso para escribir sobre sexo en todas sus variantes.

Y me pongo a pensar sobre ello, e intento recordar cada una de mis experiencias eróticas, de mis amantes, y llego a una pregunta que antes nunca me había hecho antes. ¿Quién fue el mejor? O ¿Quién fue el peor?.

Esta última pregunta es la más fácil, lo tengo clarísimo, sin duda alguna fue Martin, un inglés con el que estuve unos cuatro meses y del que lo único bueno que extraje fue el montón de inglés que aprendí.

Follaba como un conejo, mete, saca, mete, saca a una velocidad de infarto, yo me aburría como una ostra, no sólo por lo mal que lo hacía, también por la duración del polvo, no soy una mujer de sexo largo, prefiero algo más corto pero con mejores resultados. Eso de estar follando toda la noche no es lo mío.

Tampoco me gustaba demasiado su pene, no sé, tal vez un poco antiestético: Largo, muy largo, y algo delgado para mi gusto, a mí me gustan grandes y más robustas, poderosas, a esta, a simple vista le faltaba fuerza y garra. . Por lo general todas tienden a irse hacía un lado, pero esta se iba demasiado hacía el lado derecho. No, no era un pene bonito.

Mientras follábamos, porque no puedo decir que hiciésemos el amor, me imaginaba a mi misma leyendo un libro. Él encima mío, follándome como si el mundo se fuese a acabar y yo, mientras tanto, ojeando una bonita revista de moda, me faltaba el bostezo.

Creo que jamás tuve un orgasmo con él, pero jamás quise herir sus sentimientos, así que me introducía de lleno en el método interpretativo de Stanislawsky, sacaba esa gran actriz que llevo dentro y fingía unos orgasmos alucinantes.

¿Y porqué me gustaba este hombre a pesar de las malas artes amatorias que tenía?. No sé, es una pregunta que me hago a menudo. Quizás era la forma salvaje con la que deseaba, su manera, rozando lo pervertido, que tenía al mirarme. Cómo me susurraba al oído, mientras cenábamos en algún, restaurante, “I wanna fuck you right now”. Porque si hay algo me me gusta sobre casi todas las cosas es que me deseen, sentir como alguien me radiografía con su mirada, como me desnuda y como fantasea conmigo, aunque supongo que esto nos gusta a todos.

Antes dije que jamás había tenido un orgasmo con él, no es verdad, ahora acabo de recordar la primera vez que él fue “down on me” (vamos, que me hizo un cunilingus).

Igual que hacía unos polvos largos, también, y es de agradecer, hacía unos cunilingus largos, y eso a mi me encanta. En esto no le quitaré merito, no recuerdo a otro hombre que se recrease tanto es este campo. Su lengua era larga y muy ágil, el primer contacto de ella con mi clítoris era estremecedor. Sí, en esto era bueno, y mucho, ¿cómo me podía haber olvidado de algo así?.

Martin, creo que aún tengo su teléfono, quizás le llame algún día de estos, aunque sea sólo para saber si no ha perdido esa facultad suya de ir tan bien “down on someone”.


 

Átame

Mrs. Blue escribió esto cuando llega la noche:
 

 

- Sácame de aquí - le dije apurando la cerveza. Llevábamos más de dos horas hablando y nunca había conocido a nadie como él. Inteligente y seguro de sí mismo me psicoanalizaba a las tantas de la mañana en un antro. Tenía algo, no se bien el qué, que hacía que me excitase su forma de hablarme, de mirarme y de tocarme sin llegar a rozar mi cuerpo. Me agarró de la mano y me sacó del bar.

Fuimos a su casa, un 5º sin ascensor, llegué arriba sin aliento. “yo te presto el mío” dijo mientras me besaba con tanta pasión que me hizo apretar las piernas. Me llevó contra una pared y apretó su cuerpo contra el mío, noté su calor y su respiración entrecortada, su miembro peleando por salir del pantalón. Le desabroché un botón de la camisa, “juguemos” me dijo y sujetó mis manos por encima de mi cabeza mientras me mordía el cuello con fuerza. “Si te hago daño o no te gusta me lo dices” nunca pensé que me excitase el sexo duro, no llegaba a hacerme daño solo era fuerte, lo justo para hacerme gemir de placer. Me agarró por el culo y me subió a sus
caderas, se frotó contra mí con la ropa aún puesta, movía sus caderas y me movía a mí al compás. Me llevó al borde del orgasmo y paró en seco.
-No te pares ahora por dios!
-Ahora te tengo donde quería
Me llevó a la habitación y me tumbó en la cama. Empezó a desnudarme despacio, tanto que me hacía retorcerme mientras buscaba su cuerpo con el mío. No dejaba que yo hiciese nada, solo estaba allí, tumbada en la cama, deseándole cada vez mas. Me dejó en ropa interior.
- Quiero atarte, me dejas?. - Una mezcla de suspiro y gemido de placer salió de mi garganta, si, deseaba que me atase, me gustaba ese juego. Ató mis muñecas a la cama con unas cinchas de cuero. En la parte de las muñecas tenían espuma, no apretaban, no hacían daño, eran como él firmes y suaves a la vez. Se desnudó y acarició mi cuerpo con el suyo, no me tocó con las manos, sólo con su cuerpo. Acercó su boca a mi tanga, solamente noté su
aliento, el calor de su boca en mi sexo y tuve algo parecido a un orgasmo, algo corto, intenso que me dejó con ganas de algo más fuerte. Me quitó el tanga despacio, mirándome a los ojos y sonriendo mientras se mordía los labios. Deseaba notar su boca en mí, su lengua, su calor. Me dio un beso en los labios, me mordió el cuello, jugó con mis pezones entre sus dientes, se entretuvo con el piercing de mi ombligo, cuando creía que no podía aguantar más, noté su boca en la parte interior de mis muslos y tuve un orgasmo sin que llegara a tocarme. Atada a la cama, gimiendo de placer, le supliqué más y noté su lengua en mi sexo alargando ese orgasmo tanto que me hacía temblar. Me besó en los labios, me llamó bonita y puso mis piernas sobre sus hombros. Noté como su miembro entraba en mí, primero despacio, luego cada vez mas fuerte, entrando entero hasta la base, duro y firme, cada vez mas dentro y cada vez mas fuerte. Cerré los ojos sintiendo otro orgasmo mientras le sentía entrar y salir de mi.
-Abre los ojos, mírame, no pierdas el contacto, que no se te olvide que estas conmigo.
Terminamos los dos al tiempo, como en las películas, en un orgasmo mutuo mirándonos a los ojos y jadeando. Me soltó y secó el sudor de mi piel con sus manos.
-Habrá que repetirlo
-Si…. - le dije mientras me metía dentro de las mantas. Era la primera vez que me quería quedar a dormir con alguien.